LO PROMETIDO YA NO ES DEUDA
Me van a permitir soltar un par de clichés lingüísticos y sociológicos: todo cambia, ya nada es como era en mis tiempos… Hablemos de los políticos.
Pedro Sánchez le ha dado un vuelco al idioma en más de una ocasión con aquello de «mentir no es mentir, es cambiar de opinión». También ha quedado trastocado aquel viejo dicho que rezaba: «lo prometido es deuda», que los ingleses traducían literalmente como «promise is debt».
Este político, muy comunista él, promete a las masas empleos dignos y bien retribuidos, casas por doquier, más dinero para los pensionistas, transporte público de calidad y barato, frenar a la ultraderecha, canalla y maldita, y ponerla en la picota. Todo vale, porque ahora lo prometido ya no es deuda. Lo prometido no vale nada: es papel mojado, palabras que se lleva el viento y que pronto se olvidan.
Y yo, que vivo en Las Batuecas, todavía creo en la palabra dada, en el honor, en la amistad, en la integridad; todavía creo que lo prometido es deuda.

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