PASTO DE LAS LLAMAS: ANATOMÍA DE UN CLICHÉ


 

Decía William Safire, muy agudo él, que “Last, but not least, avoid clichés like the plague.”

Evitar el cliché es cosa difícil, por mucho empeño que pongamos, porque se nos viene a las mientes constantemente y es, además, el recurso más fácil. Si somos conscientes de qué es un cliché, quizá podamos darle de lado y sustituirlo por una imagen más novedosa o más precisa.

Hoy quiero fijarme en un cliché firmemente arraigado en la lengua española: ser pasto de las llamas

Si pasto es alimento o aquello que nutre el funcionamiento de algo, “pasto de las llamas” designa lo que da vigor y sustento al fuego. Me percaté del uso machacón de esta expresión con motivo del incendio de la torre Windsor de Madrid, el trece de febrero de 2005, cuando en todas las telenoticias se repetía sin descanso. Algunas emisoras retransmitieron el incendio en directo durante más de doce horas, y, como la catástrofe dio mucho que hablar, periódicos y tertulias recurrieron al mismo tópico.

El cliché, desde luego, no es nuevo. Ya existía en el siglo XIX, como muestra Antonio Pirala en 1868:
“… y estos héroes hubieran sido pasto de las llamas: los habéis salvado, los volvéis a sus familias y a la patria…” Incluso Ramón Tamames, insigne economista, ha hecho uso de esta expresión tan manida.

A este cliché no lo puedo ver ni en pintura. (sic.)


Comentarios

Entradas populares de este blog

FULL vs. -FUL

Nombres hipocorísticos en inglés

Sufijo inglés "-ee"