IDIOMAS Y MALAS EXPERIENCIAS
Las malas experiencias dejan marca en nuestro ánimo hasta el punto de hacernos pensar que aquello que hemos intentado tantas veces, sin resultado, es sencillamente imposible. Decía Camilo José Cela que «Hay momentos en que todo, hasta lo evidente, llega a parecer, por tan lejano, imposible. Son momentos que hay que vencer, como un vicio, a fuerza de voluntad, de una voluntad muy firme».
Hay momentos en que perdemos la fe en nuestra propia capacidad para lograr algo —por ejemplo, dominar la lengua inglesa— y llegamos a creer que nuestra capacidad intelectual no da para tanto. Es entonces cuando hay que echar mano de la voluntad, de la más firme voluntad, para tratar de conseguir lo que otros ya han conseguido.
El quid de la cuestión está precisamente ahí: si otros, hombres y mujeres como nosotros, han logrado domar el inglés, ¿por qué no nosotros? ¿Es que somos diferentes? ¿Es que somos tontos? ¿O tenemos un cerebro tan traumatizado por los profesores que ya no confiamos en él?
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