EL PROFESORADO DE LA COMPLUTENSE EN LOS 60


Tras leer el rifirrafe académico en la Universidad de Cambridge a propósito del profesor Jason Arday, de su fama y de su meteórica carrera profesional, me ha dado por rememorar mis tiempos de universitario en España, en la Universidad Complutense, donde obtuve la licenciatura y el doctorado.

He estado escudriñando el claustro actual de las facultades que corresponderían a mi antigua Filosofía y Letras. No hay un solo nombre que me resulte familiar.

En mis tiempos teníamos a Melchor Fernández Almagro, Dámaso Alonso, Esteban Pujals, Joaquín de Entrambasaguas, Antonio Ballesteros Gaibrois, Fray Justo Pérez de Urbel, Antonio Oliver Belmás, que recuerde —¡busquen, busquen!—. Todos fueron profesores míos.

¿Qué ha pasado? 

Aquellos profesores escribían y aportaban, además de su trabajo en el aula. Se les conocía dentro y fuera de la universidad. Daban prestigio a la Complutense.

Repito: ¿qué ha pasado?

En Cambridge se encumbra a profesores cuya trayectoria académica ha suscitado serias controversias, mientras que la Complutense parece haberse rodeado de un profesorado cuyos nombres apenas trascienden los muros universitarios. Y no sé si eso es progreso.

Mal vamos. Creo que el derrotero que han tomado muchas universidades puede poner en solfa toda la educación del futuro. La universidad debe ser rigurosa al máximo. Caiga quien caiga.

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