martes, 15 de diciembre de 2020

¡Qué suerte tenemos algunos!

 


En Duquesne University me ganaba unos dinerillos dando clases de castellano. Un condiscípulo, griego, me decía que qué suerte tenía de hablar español. Nadie quería tomar clases de griego en Pittsburgh en aquel entonces. Él tenía que lavar platos en un restaurante. El dicho de que "unos nacen con estrella y otros estrellados" es cierto en los idiomas: no es igual hablar inglés que bubi, con todos mis respetos a esta lengua. Y es que el bubi, o  bohobé, lo hablan unas 40 mil personas en Guinea Ecuatorial. No es ni mejor ni peor que otros idiomas, simplemente que el número de hablantes es mínimo en un mundo de 7.600 millones de personas. Los hablantes de bubi son los estrellados lingüísticos. Los que nacen con estrella, así porque sí, son los que emplean el alemán, el inglés, el castellano, el francés... y poco más. Poseen una herramienta de comunicación más útil que los que hablan islandés (que, por cierto, tiene un Premio Nobel de Literatura). Cada uno de nosotros habla un primer idioma que nos ha tocado en suerte... el segundo ya es opción nuestra.  

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