GRANDES BIBLIOTECAS CASERAS


Escucho y leo a literatos, profesores, periodistas, hombres de letras, que explican en artículos y entrevistas, que poseen en casa enormes bibliotecas con muchos, muchos libros. Es más, creo recordar que había un programa televisivo donde el reportero recorría bibliotecas privadas de famosos, cuyas estancias estaban  atiborradas de libros, colocados en estanterías, debajo de las mesas, en la cocina, en la bañera. Vi la de Amando de Miguel y Luis Alberto de Cuenca, y quizá otros cuyos nombres se han borrado de mi memoria senil. Arturo Pérez Reverte se ufana en las redes de tener 32.000 volúmenes en su casa. Recuerdo el horror de ver tantos libros desperdigados y apilados de mala manera. Un verdadero sinsentido. Aparte de la sabiduría tradicional, eso implica polvo, mucho polvo. 

Saco mi ábaco y calculo: Si tengo 30.000 títulos y leo uno a la semana, sin saltarme ninguna semana, leeré 52 al año. Para leer los 30.000 libros necesitaré 577 años en números redondos. Claro que si leo uno al día, sin prisa y sin pausa, necesitaré sólo 82 añitos de nada. Ya oigo a los que van a decir que muchos de los libros de las bibliotecas privadas son de consulta, para mirar y no para leer. Pero aun así. 

En mi vida he perdido tres bibliotequitas de nada, pero que eran importantes para mi quehacer intelectual. Ahora tengo los justos, a los que vuelvo una y otra vez. Y si necesito uno, voy a la biblioteca pública o al Project Gutenberg, o lo compro. Desde luego que jamás acepto libros como regalo. 

También los hay que coleccionan vitolas de puro, belenes en miniatura, abanicos, sellos de correos, estampitas de santos, cromos de futboleros, postales antiguas... de todo ha de haber en la viña del Señor. 

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