SÍNDROME DE "PARA LO QUE ME QUEDA DE ESTAR EN EL CONVENTO..."
Sí, confieso: tengo el síndrome de «para lo que me queda de estar en el convento...».
A mi edad ya no tengo por qué aguantar las necedades de políticos de poca monta; las bobadas de jovencitos que apenas han salido del cascarón; las letanías de hombres-niños que pontifican sobre sus derechos y olvidan sus obligaciones; las malversaciones de un gobierno corrupto que incluso se vanagloria de serlo; las milongas de socialistas y comunistas, que ya resultan vomitivas; los paternalismos hacia los mayores, a quienes los jovenzuelos consideran trastos viejos...
En fin, tengo the short-timer syndrome. A fuerza de acumular años, las veo venir de lejos. Es un aburrimiento. Es como ver la misma película dos o tres veces, conociendo ya el desenlace.
No pienso permitir que un chiquilicuatre mocoso me mire por encima del hombro, en televisión, y me diga que su gestión —nefasta por demás— es buena.
Hasta aquí hemos llegado los que tenemos el síndrome de «para lo que me queda de estar en el convento...».
Nos plantamos.
Put that in your pipe and smoke it!
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