SOBRE "A BOMBO Y PLATILLO"
En la batalla lingüística, muchas frases mueren en combate y pierden el favor del hablante, que les da de lado, sin saberse por qué, y las relega al cementerio de las palabras y locuciones olvidadas. Así tenemos que el diccionario académico en su edición de 1884 da cabida a “de bombo y platillo”, como locución figurada y familiar pero que define con otra frase: “De cascabel gordo”, con la definición “dicen de las obras literarias o artísticas vanas y aparentes, y sólo capaces de producir efecto grosero o de mala ley.” Pero eso de “cascabel gordo” no tuvo éxito y dejó de emplearse en el siglo XIX. Ya no aparece por ninguna parte. El bombo ha dado más que hablar como “dar bombo” que en 1925 define por primera vez como “elogiar con exageración, especialmente en la prensa periódica.” Aunque esto ya lo había dicho Luis Besses en su Diccionario de argot español, de 1905, 20 años antes. Y por fin entra en la Real Academia Española en 1936: “Con bombo y platillos. Con elogios exagerados y ruidosos.” Nació esta frase, de sentido claro, a mediados del siglo XIX y continúa vigente y goza del favor de los hispanohablantes como Pérez Galdós, Ganivet, Cela, Jiménez Losantos, Antonio Gala y Manuel Rodríguez Rivero entre otros.
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