GREGORIO MARAÑÓN Y LOS PRÓLOGOS


 

En su “Breve prólogo sobre mis prólogos”,[1] el Dr. Gregorio Marañón nos habla de Paul Valéry y también de que escribir prólogos: “… es un acto de convivencia intelectual; y puesto que la vida intelectual necesita, como aire respirable, de la cordialidad, he aquí que no sólo no debe rechazarse jamás escribir un prólogo que se nos solicita, sino que, cualquiera que sea la calidad del autor y del libro prologado, ha de estimarse como un deber honroso y una eficaz obligación.” 
Así lo sintieron los autores que aceptaron prologar libros míos, que me regalaron de su tiempo y de sus palabras, y de su amistad también, para respaldar mis trabajillos sin pedir nada a cambio y que libremente contestaron a mi petición, ejerciendo así conmigo ese acto de cordialidad y convivencia intelectual, y de caridad también que, como se nos dice en 1 Corintios 13:4-7 “La caridad es longánime, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera.”[2]


[1] Obras Completas, T.1, Madrid, 1966. Ver también Marino Gómez-Santos, Vida de Gregorio Marañón, 1977.

[2] 13:4 caritas patiens est benigna est caritas non aemulatur non agit perperam non inflatur 13:5 non est ambitiosa non quaerit quae sua sunt non inritatur non cogitat malum 13:6 non gaudet super iniquitatem congaudet autem veritati 13:7 omnia suffert omnia credit omnia sperat omnia sustinet (Esto lo transcribo no por pedantizar sino para poner las cosas en su justo lugar, en cuanto a las traducciones.)

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